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ANTE LO IMPOSIBLE: VUELA

Según las leyes de la aerodinámica, las abejas no podrían volar. Pero como las abejas no saben de aerodinámica, igual vuelan.


Voy a decirles que es lo más difícil de emprender, (o bueno, lo que más difícil me ha parecido. Porque en este camino de reinventarse todos los días que no hay verdades absolutas). Lo más difícil de emprender es: no tener más respaldo que uno mismo.


Cuando trabajas para una empresa, del tamaño que sea, te juega de sombrilla. No tienes que responder qué has hecho tú mismo, puedes citar los casos de éxito de todo el equipo y atribuirte esa experiencia, porque aunque no fue tuya enteramente, hiciste parte. Si te equivocas tienes a tu lado gente que, no solo te ayuda a lidiar con el error, sino que, además, muchas veces sale como escudo a recibirte las consecuencias. Esas mismas personas se te vuelven un apoyo para todo, si no sabes qué hacer, si te falta inspiración, si amaneciste sin ideas.


Cuando emprendes no. Cuando emprendes, o al menos cuando empiezas, estás tú y solo tú. Para todo: para mostrar experiencia, para validar ideas, para dar soluciones creativas, para enfrentar los errores, para llevar con éxito los proyectos. Entonces, en un mundo en el que todos se cuestionan todo, estar solo frente a las preguntas del mercado se vuelve una completa encrucijada.


¿Por qué te debo contratar a ti y no a un monstruo con 350 empleados y mil siglos de experiencia? ¿qué has hecho y cómo ha impactado? ¿Por qué debo creer en lo que haces? ¿Qué te respalda? ¿A ver las maestrías? ¿A ver los casos de éxito? ¿A ver las cifras?


Y te abrumas. Inevitablemente te abrumas. Y empiezas a interiorizar esas preguntas y a hacértelas a ti mismo. Se te vuelven dardos que se van carcomiendo por los lados la confianza inocente de tener por argumento hacer lo que amas.


Te lo cuestionas y te lo crees. Te descubres un lunes pensando: sí…¿Por qué deberían creer en mí? No tiene sentido. Y te entra ese miedo terrible que siempre te vigila de cerca esperando momentos como ese para volverte tentativa la idea de echar reversa.


Entonces ahí, -y esto me lo estoy aconsejando a mí misma-, debes recordar que las abejas vuelan, aún cuando todos los sistemas que supuestamente validan que sí y que no, dicen que es imposible. Vuelan porque esa no es su verdad, porque no es donde tienen puesta su atención ni es la fuente de donde nutren lo que son.


Escuché el viernes una charla de TED sobre cómo el lenguaje crea nuestra realidad. No pienso que haya que dejar de escuchar al mercado, al fin y al cabo, es el escenario y siempre será, pero sí creo que hay que cuidarse de lo que empezamos a tomar como verdad solo porque lo oímos muchas veces. Creo que vale la pena recordar que las abejas vuelan. Incluso, se me ocurre que es buena idea, de vez en cuando, decirlo firme y en voz alta.



Sara BE.

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