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NO HAY QUE PENSAR EN GRANDE

Escalable. Tu modelo tiene que ser escalable. Si me dieran un peso por cada vez que escuché eso en el último año, no estaría escribiendo este artículo sino que andaría en Las Bahamas, tipo Kardashian, tirando champaña a diestra y siniestra.

Yo no creo que haya elegido emprender, creo que emprender me eligió a mí. Y, creo también, que cuando te vuelves "emprendedor" pasa como cuando te vuelves "adulto" todos alrededor parecen notarlo, pero uno sigue medio en las mismas.


Sí, uno maneja el tiempo. Sí, uno es su propio jefe. Pero también sí uno es el contador, el administrador, el financiero, el comercial, el community, el diseñador, el asistente y cada uno de los cargos que se supone compenen un modelo de empresa. Pero, como si eso no fuera suficiente, uno también es el CEO de la gran tarea denominada: escalabilidad.


Para efectos de no hacernos los eruditos voy a definir la escalabilidad como el arte (porque si tiene ciencia yo no la entiendo) de volver replicable un negocio de forma ascendente. Es decir que si hoy eres uno y atiendes 10 clientes, pues que te diseñes el asunto para que mañana seas dos y atiendas 20. Y así "pienses en grande".


Pero, qué pasa si yo no quiero atender 20 clientes mañana, si yo estoy feliz con mis diez clientes y mi oportunidad de poder sentarme a la mesa con cada uno sin tener que delegar lo que tanto amo hacer porque las horas no me rinden. qué pasa si yo prefiero pensar en pequeño, en el detalle, en lo invisible de la esencia del negocio.


Pues pasa que decir eso, en este síndrome de escalabilidad emprenderista, es como decir en voz alta que a uno no le gustan los perros: inmoral, condenable, inaudito.


Pero: ¡HAY QUE DECIRLO!


No solo porque pasa, sino además, porque es válido que pase. Porque es válida la decisión de : "por ahora hasta aquí", o de "entre otro cliente y mi tranquilidad elijo la segunda", o de "quiero entender esta etapa un rato antes de meterme al Álgebra de Baldor que significa la siguiente".


Todo bien con los inversionistas y las aceleradoras de negocio; todo bien con los growth-hacking y los modelos de red de mercadeo; todo bien con las proyecciones financieras y sus demás aliadas. Todo bien. Pero también todo bien los que elijen ir despacio, con los que no tienen todas las respuestas, con los que están contentos con el ritmo del carrusel.

Para mí hay que emprender sin enrollarse con la escalabilidad.


Hay que emprender sin saber qué carajos sigue después, sin tener planeación ni mapa. Porque si uno se mete a pensar en cada centimetro de tela que le queda por cortar entre el Momento Uno y el Momento Sillicon Valley, va a quedar más abrumado que Dory cuando se le perdió Nemo.


Y ella sí que sufrió.

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